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DE AQUEL SILENCIO QUE FUIMOS

Manuel Meneses Jimenez
Manuel Meneses Jimenez

Masculino

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Mensaje por Manuel Meneses Jimenez el Dom 26 Mayo - 4:04


Sus dedos de las manos eran finos, elegantes, largos y afilados; y así percibía que al tacto eran agradables de sostener entre los suyos. Esto lo recordaba sentado frente al mar aquella tarde de hacía ya algunos años atrás mientras repasaba el borrador de su último libro y que después sería para ELLA,(para ti, biotza), fue cuando de nuevo le sobrevino el recuerdo de este detalle, el de sus dedos; y sólo por eso tomó la decisión: Una semana más tarde estaba allí, junto a ELLA al otro lado del mundo. Recordaba también que al sentir aquellos sus dedos en su espalda éstos les hacían dirigir su mente hacia el universo: “unas manos con unos dedos así y sin un cuerpo que tocar son o serían manos de novicias" pensó.

Y esto fue lo que aprendió ELLA entonces. Y fue que al colocarlos sobre piel ajena adquirían otro carácter: había una parte de misión en aquel gesto y que era casi como una especie de deuda o acuerdo no escrito por una libertad que había conquistado, que de pronto había descubierto; y por otra parte era como una especie de conquista arrancada desde el deseo de apoderarse de aquel hombre que apareció en su vida unos años antes. Todo comenzó en aquella playa al Oeste de África cuando de las palabras escritas desde la distancia se llevaron a cabo por deseo expreso de él a partir de aquel viaje, pero todo se había decidido ya mucho antes. El simple roce ya no era lo que fue en otro tiempo, en tiempos virtuales: ahora todo se convertía en un doblamiento de los sentidos, en un incendio difícil de sofocar y que salía de las solas presencias de ambos allí. Él tumbado boca abajo sobre limpias sábanas blancas y ELLA sentada sobre su cintura ejercía con sus manos una suave pero precisa presión sobre sus hombros que desgranaba centímetros a centímetros aquella piel que ella consideraba digna de recorrer; así y mientras llevaba a cabo este gesto recordaba cuánto de tantas cosas habían sucedido desde el principio; todo quedaría guardado no sólo en la memoria que estaba siendo poco a poco rellenada de momentos, de instantes, de gestos, de palabras escritas, de miradas y sensaciones todas que, indudablemente, el tiempo se encargaría de ir borrando. Sólo quedaba una opción para el día de mañana para que todo aquello siguiera siendo recuerdo, sólo recuerdos y era escribir con tinta y sobre papel todo lo que se sentía en ese momento, recogerlo y guardarlo todo, abrazarlo todo a la memoria antes de que ésta se hiciera olvido, todo...

ELLA Se inclinó sobre su espalda y dejó que sus pezones duros como puntas de lanzas le rozaran la piel; sintió el dulce y deseable placer del deseo, el mismo que años atrás experimentaba cada noche desde la distancia, noches en las que acababan embriagados de sus respectivos olores corporales. Lo hizo para susurrarle que deseaba hacer de su cuerpo un alfabeto de letras extrañas en un idioma ya viejo de su querida África, indescifrables para él. ELLA que algo sabía de letras pero no tanto de deletrear entendió que le invadía un temor casi obsceno que la doblegaba: otra vez aquellos recuerdos de insaciables deseos de gata encelada: “Tal así como estas ahora debajo de mí - pensó ELLA - , tu cuerpo es una ese...”, le decía arrimando su boca al óvulo de su oreja a la que al mismo tiempo mordisqueaba. “La ese es el camino perfecto que recorre los dedos por sobre la piel de la espalda haciendo curvas que no acaban nunca, ni tan siquiera cuando llegan a su destino...”, le decía al oído. Y él al escucharle así con aquella su voz aún de niña precoz e cuerpo de mujer reptaba en su imaginación hasta llegar a ella e intentaba acariciarle aquella su piel suave .

Él le enseñó una noche que todas las letras fueron creadas para dejar una huella sobre el alma y la piel de las personas a las que se amaban Y esto será lo que un día, mañana, quedará de mí para ti, de mí en ti, le dijo. Ella quedó pensativa mientras leía esto y quiso saber más, y preguntó: ¿dónde queda el final de todo esto? Y él le contestó que el final llegará ese día en que los recuerdos se conviertan en verdad, en una necesidad de presencia, en un deseo de volver atrás, de recordar el Silencio que un día fuimos y que una noche descubrimos.



En tu presencia eres; en tu ausencia estás.

Es precisamente ésta tu virtud: la de

hacer de ti y contigo un espacio

de tiempo irrepetible, un halo

de vida, de esperanza frente

a tanta soledad, a todo

vacío frente a la

gran distancia.

Así eres tú,

mi vida.

Así,

tú.

Biotza...

Manuel, África.


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MERCHY

Femenino

DE AQUEL SILENCIO QUE FUIMOS Empty Re: DE AQUEL SILENCIO QUE FUIMOS

Mensaje por MERCHY el Dom 26 Mayo - 13:01




Manuel Meneses Jimenez


Exquisita exposición poética nos brinda
su apasionada y cálida pluma.

Todo un placer pasar por su sendero literario.

Un abracito al corazón.
Elie Agrieshka
Elie Agrieshka

Masculino

DE AQUEL SILENCIO QUE FUIMOS Empty Re: DE AQUEL SILENCIO QUE FUIMOS

Mensaje por Elie Agrieshka el Sáb 1 Jun - 16:20


Intenso/ bellamente sensual.
Placentera lectura.


elie




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DE AQUEL SILENCIO QUE FUIMOS Empty Re: DE AQUEL SILENCIO QUE FUIMOS

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