Comunidad Internacional de Poesía


Iberia el ocaso de un pueblo. Capitulo 1

Comparte
avatar
Alberto Sanchez
Iniciado

Masculino Valencia

Iberia el ocaso de un pueblo. Capitulo 1

Mensaje por Alberto Sanchez el Vie 4 Mar - 13:05

Prólogo
Corría el año 225 a.C. Las circunstancias históricas que se estaban desarrollando en la península Ibérica eran el resultado del enfrentamiento entre las dos potencias hegemónicas de aquella época: Roma, un imperio emergente que trataba de expansionarse, y Cartago, la mayor potencia marítima del Mediterráneo.
Los romanos bautizaron a este enfrentamiento como “Guerras Púnicas”.
Las riquezas minerales que habían sido explotadas por fenicios y griegos, en nuestra península eran ahora anheladas por estos países para poder financiar sus guerras y aumentar su poder. Ambos bandos, precisaban de las minas de plata, cobre, hierro, de Iberia, también de sus habitantes, que como soldados engrosarían sus ejércitos de conquista.
Los pueblos asentados en el Sur y gran parte del Este de la península habían aprendido a convivir con las gentes que llegaban a sus costas, no siempre con buenas intenciones; unos, como comerciantes, y otros, como colonizadores, dejando cada uno su impronta acompañada casi siempre de destrucción, muerte, esclavitud, pero también, con nuevos conocimientos.
En algunas zonas del Este, la dominación de los cartagineses tuvo su punto álgido con el asedio a Sagunto y su posterior destrucción, dando paso a una conquista que termino cuando Roma expulsó a los cartagineses del sur de Iberia.
Solo algunos caudillos peninsulares conscientes de la invasión fueron capaces de oponerse a los ejércitos de uno y otro lado, la falta de unidad entre las distintas etnias y pueblos que ocupaban la península facilitó la conquista, a pesar de todo, se necesitaron grandes contingentes militares para poder terminar con la resistencia. Esta lucha que duro más de cien años, dejo constancia histórica del espíritu hispano. En la resistencia heroica contra el invasor de ambos lados destacaron hombres como fue el caso de Istolacio jefe celta e Indortes hecho prisionero y crucificado.
Tras las muertes de Indibil en combate y Mandonio ejecutado, fue el germen de la rebelión en Iberia.
El personaje de esta novela fue uno entre muchos de los hombres que se enfrentaron contra los ejércitos de Roma, a comienzo del 206 a de C., hasta ser aplastada la rebelión por Catón en 197 a de C.
Sería injusto nombrar solo a los más conocidos pero fueron tantos que solo voy a enumerar los más sobresalientes: Viriato, Orisson, Luxinio, Culcas, Andóbales, Amusico, Alucio, por nombrar algunos dentro de un largo etcétera. Para Roma, Hispania se había convertido en una fuente de riqueza de metales preciosos y productos agrícolas e inagotable vivero de hombres.
Ante el sometimiento y explotación de Roma, los pueblos hispanos ofrecieron la más desesperada resistencia.
Los senadores y generales romanos no supieron ver que la verdadera guerra en Hispania se iba a desarrollar con tácticas de guerrilla y no con ejércitos regulares de tropas disciplinadas, si no con el instinto de un pueblo que intuitivamente luchaba por su independencia. Así ocurrió con la vida de este personaje que comenzó como hombre libre amante de su familia y de su pueblo. Los distintos avatares de la vida fueron cambiando sus principios morales y dieron comienzo a sus años de lucha y libertad.
En toda la península de Norte a Sur y de Este a Oeste se levantaron con todas sus fuerzas hombres como este con el mismo valor, con similar estrategia.
Los distintos pueblos de la península comenzaron a tener consciencia de una unidad espiritual a partir de la presión militar foránea. El pueblo romano comprendió el peligro de la unión y se opuso con todas sus fuerzas. Se luchó como se pudo, actuando con agilidad y rapidez de forma semejante a la guerrilla. Con este sistema se tuvo en jaque al enemigo durante más de veinte lustros hasta la romanización total y la desaparición de la cultura ibérica que había vivido y amado en toda la franja costera hispano mediterráneo desde tiempos remotos. 
Capitulo 1º

EDETA

Todavía la madrugada no se había despertado por poniente, los primeros rayos habían roto las brumas de la noche y la luz se reflejada en un mar en calma desprendiendo destellos con el movimiento de las olas.
La niebla, acostada sobre el lecho marino, se levantaba hacia las tierras costeras. Pequeños alcores emergían como afilados colmillos sobre el manto de nubes.
Destacaban en la penumbra las primeras luces de la mañana, desde los altos de “Edeta” todavía se veían las luminarias que durante la noche señalaban las costas de “Arse” y “Valentía”.
Algunos claros se abrían en medio de la bruma arrancados por el ligero viento de poniente, refractando los rayos del sol sobre las aguas tranquilas de la albufera.
Se iniciaba la vida en la ciudad, acostada sobre las laderas del monte. Dominando desde su atalaya todas las tierras bajas de Edetania.
Abartamban, a pesar de su corta edad, apenas catorce años, participaba en el negocio familiar consistente en la tala y trasporte de madera para la construcción de naves al puerto de “Arse”.
El negocio de la madera precisaba de una mano de obra experta: Arrastrar con los caballos los troncos hasta el claro, cargar las carretas una vez troceados los troncos en diferentes medidas, por último, el trasporte hasta los puntos de venta hacían que este trabajo fuese agotador y de cierto riesgo.
Su padre y hermanos mayores, dirigían a los leñadores seleccionando los ejemplares a talar. Durante tres o cuatro días permanecían en el monte hasta llenar las carretas.
Abartamban se encargaba de llevar la comida todos los días y preparar herramientas, así como, hacer de recadero.
El día de mercado, solía acompañarlos hasta el puerto de Arse, donde hacían intercambios y aprovechaban para comprar pescado y otros artículos que precisaban en la casa.
Mientras sus hermanos realizaba la descarga y el padre terminaba de realizar las transacciones; él solía acercarse hasta los astilleros donde pasaba el tiempo ensimismado en las labores de construcción de naves: Penteconteras, trirremes, quinquerremes, naves de trasporte y pesca.
El dinamismo que reinaba en los astilleros le atraía, los maestros carpinteros median los troncos para sacar las tablas de la cubierta seleccionando las de mayor longitud, en otros collas, curvaban con fuego los maderos más robustos para acoplarlos como quilla de algunas embarcaciones. Otras naves, más adelantadas en su construcción, eran calafateadas y se aplicaban algunas manos de brea sobre su superficie, en otras, se armaban sobre las quillas las cuadernas, fijándolas con las varengas formando la trabazón de la embarcación.
A lo largo y ancho del astillero se construían varias naves al tiempo, su auge, estaba motivado por la situación estratégica de aquel puerto en las costas hispanas.
El trasiego de mercancías entre los distintos puntos del Mediterráneo hacía que fuese uno de los más importantes.
Su atención se dirigió hacia un trirreme de guerra para el ejército de Sagunto, sus líneas afiladas y su fortaleza eran impresionantes, sobre todo, para el joven que miraba atónito.
Su curiosidad natural le absorbía de tal forma que se le pasaban las horas observando cada una de las operaciones de la construcción naval. Hubiera preguntado todo aquello que le extrañaba, pero su padre le tenía dicho que no incomodase a los trabajadores, a estos, les molestaba que les hicieses preguntas.
Después de realizar ciertos trueques en el mercado y de incorporar una serie de vituallas para el consuma de la casa, regresaban con los carros vacíos y de buen humor por el exceso de vino trasegado en las cantinas del puerto.
En el camino, Abartamban, montado en el pescante le dijo a su padre:
─Me gustaría aprender el oficio de carpintero en el astillero, parece un trabajo interesante.─
El padre, se quedó un tanto dubitativo y antes de contestarle, con la mirada en el camino, pensó que el muchacho era una ayuda importante para el negocio familiar. Su posición social en el oppidum , era destacada, y sus hijos debían de mantener el estatus social al que pertenecían, como pares entre iguales, no tardando mucho podría incorporarse al negocio con sus hermanos aumentando los ingresos familiares. El padre, de forma egoísta, pensaba que podría descansar algunas horas al día. Así, que, con voz firme, le dijo.
─Quítate esa idea de la cabeza tus hermanos están deseando que les eches una mano en el bosque.─
Su contestación lacónica no dejo dudas al respecto, Abartamban se calló, aunque su mente seguía dando vueltas al tema, quizás su madre… Podría abogar por él y ablandar la negativa del padre. Durante el trayecto, fue mascullando la forma de conseguir su ayuda.
Al final de la tarde, llegaban a las cuestas que daban acceso a la ciudad de Edeta , la hermana y la madre sentadas en la puerta oyeron los goznes de los carros y salieron a recibirlos, la curiosidad les atraía, rara era la vez que no les traían regalos, víveres, y algún pequeña prenda, para el ajuar de la hermana.
Como todos los días de mercado se paralizaban el trabajo en los bosques, para atender las tareas de la vivienda, ese día la comida se realizaba en familia.
Abartamban había hablado con su madre convenciéndola para que apoyase su decisión de trabajar en los astilleros, la mujer sentía cierta predilección por él y no quería que estuviera toda su vida trabajando en la tala, esperaba algo más del joven, desde pequeño, había demostrado tener dotes de observación y una inteligencia fuera de lo común.
Su hermana, durante la mañana, habían estado moliendo con la piedra giratoria, los granos de trigo hasta hacerlos harina.
Los hombres cubrían los techos con barro y ramas, sobre las zonas que las últimas lluvias habían deteriorado.
Mientras, la madre, sofreía en una sartén con aceite de oliva trozos de cerdo y chorizo de la matanza pasada. Sin retirarlo del fuego, le fue añadiendo algunas yerbas aromáticas; orégano, tomillo y algunas cabezas de ajo.
Sobre un cuenco de cobre de grandes dimensiones puesto a calentar aparte, echaron la harina, rehogándola hasta que esta tomo un tono dorado. Después, con el agua caliente, aparte, iniciaron la mezcla moviéndolo con un palo hasta deshacer los grumos y formar un puré. Cuando estuvo en su punto, le añadieron el sofrito de la sartén.
El reloj solar marca la octava de medio día. El día de “mundinae” solía estar toda la familia en casa, la comida era el momento más importante, sentados alrededor de la estancia comían pasándose los recipientes delicadamente decorados.
Era una comida de día festivo, todos disfrutaron con las gachas, la conversación se animó sobre todo con la ingesta de vino, y fueron tocando los asuntos del día a día.
Abartamban era feliz, la cercanía de la familia con sus inquietudes y esperanzas mostraba un cariño especial por él, las cosas funcionaban prudentemente y trasmitían al joven esa alegría, típica del mediterráneo, por la vida.
Las transacciones con el armador, exigiéndoles más madera, suponían un incremento en los ingresos. Había cierta prisa por construir barcos de guerra en aquellos días, ante la tensión que se estaba gestando entre los oriundos de “Arse” y los cartagineses instalados en la costa, donde su cetro de operaciones era la nueva ciudad de “Qart Hadasht” .
La madre fue dejando que el vino pusiera eufóricos a los hombres de la casa, para exponer la petición del hijo menor, finalmente dijo:
─Es cierto que la madera es importante para los astilleros, pero el dinero lo ganan los constructores de barcos, es un trabajo bien pagado y no sería mala idea que alguien de esta familia, pudiera meter la cabeza en esos astilleros.─ la mujer, con su habitual sensatez, miraba al padre diciéndole esto.
El padre intuyó la maniobra del joven, pero no pudo decir nada ante el razonamiento de su esposa.
─Si tuviéramos algún miembro de la familia trabajando en los astilleros, nos aseguraríamos la venta continuada de madera, sobre todo en épocas malas.─ Término diciendo la mujer, su marido no respondió, fue el hermano mayor el que contestó.
─Madre. ¿Quién piensas, que debe trabajar en los astilleros de todos nosotros?─ La mujer dejo pasar un momento antes de hablar y finalmente contestó.
─Si quitamos del negocio de la tala alguno de vosotros que sois imprescindibles, los ingresos disminuirán, el único que puede trabajar allí sin que nos perjudique en los ingresos es Abartamban, que hasta el momento no contribuye con su trabajo al sustento de la familia.─ El padre interrumpió a la mujer, se había dado cuenta que el joven le había dicho algo.
─Llevo pensando mucho tiempo en que Abartamban se incorporase a la tala. Controlar a los leñadores no es fácil y unos ojos más influenciarían en la venta de madera, supondría una ayuda para todos. ─Dijo no muy convencido de sus argumentos.
La mujer se dio cuenta de que su esposo no quería prescindir de la ayuda del pequeño, así que trato de rebatir a su marido.
─ ¿Cuánto gana un trabajador en los astilleros, por jornada de trabajo?─ dijo la mujer a los presentes, el marido lo sabía pero no habló, fue el mayor el que contestó.
─Medio Dracma por jornada de ocho días. ─Dijo el joven, muy interesado por el tema, la mujer se quedó extrañada pues le parecía excesivo aquel salario.
─Si es cierto lo que dices vuestro hermano puede ganar un buen sueldo, así que pensarlo por un momento y veréis que su colaboración sería una ayuda a esta familia. ─Dijo la madre tratando de dejar el asunto zanjado. Pero el padre insistió en su contra:
─Para cuando el chiquillo quiera ganar ese dinero habrán pasado por lo menos cinco años, no sé, si será, finalmente, rentable para la familia─. La contestación de padre era lógica, el periodo de aprendizaje era largo y tedioso.
─También es posible, que durante los primeros años de tala, sea más un estorbo que una ayuda, con lo que estaríamos en las mismas─. Dijo la mujer. En su fuero interno le dolía el hecho de tener que separarse del hijo, pero ante todo estaba la posibilidad de hacer crecer aquella familia que tenía que trabajar largas jornadas para poder sobrevivir en los inviernos, estaban obligados a trabajar los campos para poder hacerlo más llevadero.
Pasado el invierno y con el incremento de los trabajos en los astilleros, su padre, aprovechó las influencias que tenía con el armador Policrates, para hacerle un hueco en las collas de braceros que hacían reparaciones en sus dársenas.
Este comerciante adinerado había hecho fortuna con el traslado de minerales en las embarcaciones que disponía. Alquilaba las naves a los propietarios saguntinos para su comercio con la pujante Roma.
Su influencia en el comercio marítimo del mediterráneo, le permitían ser una pieza imprescindible para las potencias hegemónicas de aquellos días, sobre todo por contar en sus astilleros con el mejor diseñador de barcos de todo el poniente.
La creciente influencia cartaginesa al sur del “Ibros” , le obligaba a confraternizar, con sus nuevos dueños, sin desentender las exigencias de Roma.





Edeta Lauro: Actual Liria.
Arse: Sagunto.
Qart Hadasht: Cartagena.
Ibros: Rio Ebro.


Última edición por Alberto Sanchez el Miér 4 Mayo - 12:21, editado 1 vez

DamiTa
Usuario

Femenino

Re: Iberia el ocaso de un pueblo. Capitulo 1

Mensaje por DamiTa el Dom 6 Mar - 13:02

Hermoso, hermoso, viví cada escena contada con tanta realidad que estuve ausente buen rato mientras duraba mi lectura, desde el prólogo ya intuía grata mi estancia entre tus letras.......finalmente será Abartamban el gran astillero que pretende ser?. Logrará el padre imponer sus planes y proyectos familiares?
Estaré atenta para cuando regreses estimado Alberto.

damita de visita.
avatar
santa pecadora
Usuario

Femenino

Re: Iberia el ocaso de un pueblo. Capitulo 1

Mensaje por santa pecadora el Miér 9 Mar - 17:04

Aquí se respira a bruma del mar a hojas secas entre la lluvia, hiervas y madera talada.
Gracias por compartirnos éste relato que se muestra interesante......

sofia sp
avatar
DiEgO
Fundador

Masculino Sentado al pie del capulí !

Re: Iberia el ocaso de un pueblo. Capitulo 1

Mensaje por DiEgO el Dom 3 Abr - 17:08



Un placer disfrutar de éste primer capitulo, como muestra de tu gran talento
para redactar y narrar interesantes acontecimientos.
Muchas gracias amigo por compartirnos tu trabajo  !

Salud/os.







Por gracia de Dios soy cristiano......por mis acciones un gran Pecador !
avatar
Alberto Sanchez
Iniciado

Masculino Valencia

Gracias por leerme

Mensaje por Alberto Sanchez el Lun 4 Abr - 6:00

Espero que los capítulos siguientes estén la altura del primero .Muchas gracias por tu animo Alberto.
avatar
flor de maria
Iniciado

Femenino

Re: Iberia el ocaso de un pueblo. Capitulo 1

Mensaje por flor de maria el Vie 8 Abr - 12:16


Por lo leido y por lo que me falta leer....se muestra mas que interesante.
Por ahora digo agradecida. Presente.
flor de maria
avatar
Zara Mei
Moderador

Femenino

Re: Iberia el ocaso de un pueblo. Capitulo 1

Mensaje por Zara Mei el Dom 17 Abr - 15:39



Siempre es un lujo y un honor disfrutar de tus interesantes aportes.
Gracias querido Alberto por compartirlo con todos nosotros.

Hasta donde te encuentres, un enorme abrazo con todo mi cariño.
Zara Mei





avatar
peregrino
Iniciado

Masculino

Re: Iberia el ocaso de un pueblo. Capitulo 1

Mensaje por peregrino el Dom 4 Sep - 14:35


De viaje, se vive entre sus letras,
tal cual describes los acontecimientos.
Grato pasar.


peregrino lo saluda hasta su lugar.
avatar
anonimus
Moderador

Masculino

Re: Iberia el ocaso de un pueblo. Capitulo 1

Mensaje por anonimus el Mar 21 Mar - 16:41


¡ Que viva la Poesía !

Un año mas sembrando poesía,
como medio de comunicación,
de lo que cada uno de nosotros,
atesora en lo profundo del ser.
Nuestra gratitud te abrace,
por siempre ser y estar,
cultivando sentimientos,
contagiando alegrías y tristezas,
compartiendo la gran amistad que atesoras.
y porque haces posible que
la poesía nunca muera.

¡¡¡ Muchas gracias por todo !!!



anonimus

Contenido patrocinado

Re: Iberia el ocaso de un pueblo. Capitulo 1

Mensaje por Contenido patrocinado


    Fecha y hora actual: Sáb 15 Dic - 3:13