Comunidad Internacional de Poesía


La forja del alma C12º

Comparte
avatar
Alberto Sanchez
Iniciado

Masculino Valencia

La forja del alma C12º

Mensaje por Alberto Sanchez el Vie 29 Dic - 5:58

Capítulo 12º
Las Grandes Jorasses

Las cosas en el Alpino habían transcurrido sin incidentes aquel último año, la sección de montaña me había elegido presidente, y Pedro se había prestado para ser mi secretario, era la primera vez que me enfrentaba a trabajos burocráticos y puedo asegurar que aquello no era para mí.
Hacia un año que me había casado y a pesar de la dedicación a mi mujer, casi todas las tardes por unas causas u otra tenía que ir a la sede del Alpino en la calle Principal a resolver asuntos.
Tengo que reconocer la ayuda inestimable de Pedro. El tiempo que estuvimos juntos en la secretaria me sirvió para conocernos mejor.
Durante el mes de julio y agosto eran los meses de más trabajo en la sección de montaña. La gran mayoría de miembros salían fuera de Madrid a realizar actividades de montaña y un nutrido grupo a los Alpes. La solicitud de subvenciones o seguros de accidentes eran lo más común.
Terminábamos bastante tarde pero siempre había tiempo para tomar una cerveza, mi mujer solía esperarnos a la salida del Alpino y después nos sentábamos en las terracitas de los soportales de la plaza Mayor donde casi todo el grupo de montaña se juntaba.
A mediados de agosto recibimos un telegrama de la gendarmería Francesa informándonos de un accidente de montaña en los Alpes franceses, dos alpinistas que parece ser que pertenecen a nuestro club, uno de ellos muerto en la caída y el otro vivo con heridas leves y bajo un efecto de pérdida de memoria temporal.
Asustados comenzamos las pesquisas oportunas, tratando de identificar al que había muerto y consecuentemente quien quedaba con vida.
Los telegramas se fueron sucediendo hasta poder identificar al compañero Gervasio Martínez como el fallecido y Aurelio Gómez como el herido.
Los servicios de montaña franceses nos pedían una suma elevada de dinero por el rescate de nuestros compañeros en Las Grandes Jorrases y el seguro de la tarjeta federativa que debía cubrir esta suma se presentaba un tanto confuso, como pasa siempre con los seguros, tras prologadas reuniones con la directiva del club conseguimos que adelantase el dinero para el traslado del herido y los restos de nuestro compañero muerto.
El día del entierro acudimos todos los montañeros que estábamos en Madrid y recuerdo con tristeza la pena infinita de aquella madre que trataba de mantener cierta dignidad hasta que en el depósito del cementerio donde estaba expuesto llegó a su término, cubierto de aluminio con un pequeño cristal donde se apreciaba el rostro de Gervasio. Los empleados de la funeraria hicieron ademan de cerrar el ataúd entonces la madre se abrazó a él tratando de impedirlo. En un mar de lágrimas y con desgarradoras palabras de amor hacia el hijo muerto fue retirada por sus familiares.
Dos días después desde el hospital donde se encontraba Aurelio me comunicaron que tenía que presentarme en el departamento de neurología para tratar de un asunto importante con respecto al paciente Aurelio Gómez.
«Mis pensamientos al recibir esa comunicación no eran buenos, comencé a darle vueltas al asunto y me imaginé lo peor, creí que Aurelio tenía algún coagulo en el cerebro y lo habían descubierto en aquellos días». El caso es que se lo dije a Pedro y quedamos para el día siguiente para hablar con el médico que le atendía.
El hospital López Ibor estaba especializado en enfermedades mentales y fue en aquel sitio, donde le ingresaron unos días antes, trasladados desde el sanatorio que le estaban atendiendo en Francia, gracias a un convenio de la clínica con la mutua aseguradora de la federación de montaña.
Preguntamos en recepción y nos dijeron que en la tercera planta habitación treinta y uno.
Llamamos a la puerta y nos abrió la hermana, me fijé en su rostro y no percibí ningún gesto de preocupación cosa que me tranquilizó un poco, me sorprendió el aspecto de Aurelio muy desmejorado y con la mirada distraída no llegó a reconocernos pero la madre que estaba sentada a su lado se levantó y le dijo:
—¿No recuerdas a tus amigos del club?
Nos saludó sin demasiado entusiasmo, después de reconocer que no sabía quiénes éramos. La madre nos convidó a salir y en el pasillo nos dijo:
—Poco a poco comienza a recordar las cosas más familiares pero el tema de lo ocurrido en la montaña parece haberlo borrado de su mente. El Doctor que le está tratando nos ha dado unas pequeñas pautas, para que en intervalos de tiempo reducidos, le facilitemos información concreta sin agobiarle. Según avance en sus recuerdos y nos acerquemos a los días del accidente será preciso que uno de los compañeros que conozca la zona sea el que le puede ayudar. En el departamento de enfermería podrán daros información más concreta de lo que quieren los doctores de vosotros.
Nos despedimos de aquella familia que sin duda estaba atribulada por el accidente, pero se sentían relativamente afortunadas de no haber perdido al hijo.
Hablamos con el médico y nos recomendó que buscásemos a un alpinista que conociera la zona del accidente para cuando llegase el momento de reconstruir los hechos ocurridos en los últimos días, esta persona pudiese describir el lugar y las condiciones geográficas del momento.
El viernes por la tarde después de atender los asuntos de la sección de montaña salimos Pedro y yo hacia la zona de la plaza Mayor, donde un grupo de gente del club solía reunirse a tomar unas cervezas, comenzamos preguntando a unos y otros por gente que conociera Las Grandes Jorasses y parece ser que El Mogoteras había estado últimamente por aquellas zonas y podría ser de ayuda.
Yo conocía muy bien a Paco habíamos escalado juntos en Picos de Europa fue nuestra primera salida a estas cumbres y nos unía una buena amistad.
Los comentarios que aquella tarde corrían de boca en boca, entre los montañeros que nos encontrábamos reunidos era la terrible tragedia del accidente en los Andes Chilenos, Gerardo había estado por aquellas tierras y nos dio un informe detallado de lo ocurrido: trece de Octubre un avión uruguayo que volaba con destino a Chile se estrelló en un lugar denominado el Glaciar de Las Lágrimas, en plena cordillera de los Andes Argentinos, rozando la frontera chilena. El vuelo estaba compuesto de cuarenta y cinco personas, entre pasajeros y tripulantes, estudiantes en su mayoría, jóvenes que pertenecían al equipo de rugby de la Universidad. Después de diez días de búsqueda, el Servicio Aéreo de Rescate Chileno los ha dado por muertos. Sin embargo, pasados dos meses, dos de ellos caminarán durante 10 días por las montañas andinas hasta llegar a las proximidades del valle de Los Maitenes «Chile» donde dieron la voz de alarma para ser rescatados. De las cuarenta y cinco personas que componían el vuelo sólo se pudo rescatar con vida dieciséis.
Paco El Mogoteras tuvo que asistir a la clínica López Ibor en varias ocasiones para tratar de restablecerle la memoria del compañero. En la última sesión y a petición de los padres estuvimos también Pedro y yo.
Aquella mañana a Aurelio le vi mucho mejor, estaba más centrado en todos y cada uno de los detalles que la conversación iba requiriendo.
En las sesiones anteriores habían llegado hasta el instante que coronaron la Punto Walker en medio de una densa niebla que lo envolvía toda.
Paco, paso a paso le explicaba el itinerario natural para bajar, le narraba con todo lujo de detalles como remontar el pequeño collado que separaba las dos cumbres hasta llegar a la Punta Whymper e iniciar el descenso rapelando por el espolón del mismo nombre hasta conseguir bajar a la cabeza del Glaciar de las Grandes Jorasses. Cuando terminó de describir la zona del espolón y él se mentalizó del lugar por donde había descendido reanudó el relato de lo ocurrido él mismo, su rostro expresaba el tremendo esfuerzo que los dos tuvieron que pasar en medio de una niebla que solo se despejaba a girones, con los ojos perdidos, mirando al infinito inmerso en los hechos ocurridos, siguió el relato:
—Después de varios rapeles donde no sabíamos si podríamos montar el siguiente, al no ver el sitio donde terminaba y con miedo de que se acabara la cuerda y no tuviéramos posibilidades de montar otro rapel, colocamos un anillo con un nudo prusin para que, en el supuesto caso de no conseguir hacer pie tener algún seguro y no termináramos cayendo al vacío.
»Muy cansados y ateridos de frío finalmente llegamos hasta el glaciar de Las Jorasses la nieve recién caída tapaba el hielo y no conseguíamos ver bien lo que había debajo de nuestros pies, a pesar de todo cruzamos el glaciar hasta La Rocher du Reposoir. Comenzamos a descender por bloques de hielo muy inestables tratando de llegar hasta Rognon de la Bouteille. Cuando quisimos darnos cuenta ¡El hielo cedió bajo nuestros pies! Y nos precipitamos montados en un bloque hielo de grandes dimensiones, perdí toda la esperanza según aumentaba la velocidad por aquella especie de tobogán que pensé que terminaría saltando al abismo, hasta recibir un tremendo golpe en la cabeza perdiendo el sentido. A partir de aquí no recuerdo más, el resto sigue borrado de mi mente.
Paco le aclaró:
— ¡No! se detuvo la caída unos cien metros más abajo en el glaciar de Plampincieux en un pequeño plano con nieve blanda que amortiguó la caída.
El medico trató de tranquilizar a Aurelio que consternado todavía no sabía lo ocurrido a su compañero, cuando se relajó después de un buen rato el Doctor le terminó diciendo:
—Aurelio tuviste mucha suerte aquel trozo de hielo fue tu salvación, según me dijeron los del equipo de rescate, tu compañero atado a ti quedo atrapado debajo del bloque y murió en el acto.
Un llanto silencioso apareció en su rostro y sin poder evitarlo dio paso a un grito desesperado que llenó la estancia sobrecogiéndonos a todos, le suministraron un calmante y el médico nos convino a salir fuera de la habitación.
— Esta reacción es buena, nos indica que su mente ha asumido todo los hechos ocurridos en aquel momento, según el informe del grupo de rescate que lo encontró daba vueltas alrededor del bloque con el que se despeñaron, atado todavía a su compañero y sin percatarse de lo que había ocurrido, solo hacía gestos inconexos hasta que al día siguiente le encontraron.

    Fecha y hora actual: Lun 25 Jun - 12:31