Comunidad Internacional de Poesía


La forja del alma C.14º

Comparte
avatar
Alberto Sanchez
Iniciado

Masculino Valencia

La forja del alma C.14º

Mensaje por Alberto Sanchez el Lun 1 Ene - 3:19

Capítulo14º
El Chimborazo

— ¿No me has preguntado nada del relato durante todo este tiempo? Espero que te haya servido para conocer mejor a tu padre, ¿O quizás te cree más dudas?, no lo sé, me gustaría que me dijeras algo. Aunque solo queda por narrar las circunstancias por las que tu madre terminó enamorándose de Pedro.
El joven se quedó pensativo durante un buen rato y finalmente terminó diciéndome:
—Pedro fue un buen amigo de mi padre, no creo necesario soslayar las razones que movieron a mi madre a enamorarse de él. Le conocí cuando viajó a Ecuador, a escalar el Chimborazo con ella y a pesar del poco trato que tuve con él nos caímos bien.
—Sin duda, Pedro tenía una gran parecido con Julián y por supuesto los dos fueron buenos pretendientes para ella, hombres honestos y seguramente hubieran sido dos buenos padres de familia—le dije tratando de comparar a los dos.
Siguió hablando cada vez más interesado por mi relato y en un momento de sinceridad me contó parte de la historia que yo no conocía.
—Poco después, al regresar mi madre de España y tras haber conocido a la familia de mi padre y haber subido a la montaña donde murió, surgieron algunas disputas entre mi tío y mi madre. En aquel momento me di cuenta del odio que se había generado con el noviazgo de mis padres y cómo, mis familiares, fueron poco a poco creando una cierta animadversión hacia él, a pesar de la oposición de mi madre. Ella, cuando estábamos solos, trataba de rehabilitar la figura del hombre que tanto había amado.
»Debido a mis pocos años la memoria de mi padre estaba sumida en un cúmulo de contradicciones y sin poderlo evitar, fue haciéndose más grande la curiosidad por conocer la auténtica personalidad de mi progenitor.
»Fueron muchos los años que he tenido en mente este viaje y sobre manera esta historia que está poniendo las cosas en su sitio.
»En el seno de mi familia, como muchas otras familias en Ecuador, las clases sociales son cotos cerrados que difícilmente permiten que algún extraño penetre en ellas.
»Según me habían dicho, mi abuelo materno era muy estricto con ese tema y al enterarse de las relaciones de mis padres puso a todo el mundo en contra de ellos.
»Haciendo uso de su poder y dinero, cerro la boca de todas las personas que conocían a Julián sobre manera al arquitecto Ángel Ponce, amigo íntimo de mi padre, al que había donado grandes sumas para la construcción de las escuelas en la misión.
»Las veces que hablé con éste hombre, para saber sobre mi padre, muy sutilmente desvió la conversación sin aclararme nada.
»Pero no quiero seguir aireando los trapos sucios de unos y otros.
»Señor, siga Usted con su relato, del que estoy sacando conclusiones muy interesantes.
***
Faltaban algunos días para las navidades y Pedro me dijo que se marchaba a Ecuador a ver a Ana María que le había convidado a pasar unos días.
—Me ha dicho que quiere escalar el Chimborazo conmigo y se ha estado preparando con algunos compañeros del club de montaña de Quito.
Su amor por aquella mujer le embriagaba, no se lo pensó mucho. Lo dispuso todo para el viaje y traté de ayudarle en lo posible. Pidió un permiso por navidades en la oficina y fui a despedirle al aeropuerto. En la sala de espera aproveché para aclararle algunos temas:
—El viaje me parece bien teniendo en cuenta que has sido seleccionado por la federación para la expedición al Manaslu y esta subida al Chimborazo será un buen entrenamiento para ti, pero ten cuidado no hacer ninguna machada y lesionarte.
Después de Reyes regresó muy contento, más enamorado si cabe que cuando se fue, quedamos en el club y al salir fuimos a una cafetería.
Estaba deseoso de contarme y sus ojos se iluminaban solo de pensar en ella. Después de pedir unos cafés me contó con todo lujo de detalles el viaje, necesitaba decírselo a alguien y sobre todo el tema delicado de la oferta de vivir con ella en Ecuador, así que me dispuse a escuchar todo lo acontecido:
—Me esperaba en el aeropuerto de Quito con su hijo, el niño tenía cierta semejanza con Julián, ella me pareció más guapa de lo que recordaba, aquellos ojos negros brillantes y sus facciones delicadas me dejaron sin aliento, pensé por unos momentos que todo aquello no podía ser cierto, así que sobrecogido la di un beso en las mejillas, ella sin embargo me abrazó con fuerza y me besó en la boca apasionadamente. Avergonzado trate de separarme, sobre todo, por el niño que estaba presente, pero terminé rindiéndome a su apasionado recibimiento.
— A eso lo llamo empezar con buen pie, si todo lo demás ha sido igual no me extraña que se te haya quedado esa cara de tonto.
—Al día siguiente viajamos hasta Ambato y conocí a dos compañeros del Club de Andinismo Politécnico. Eran dos jóvenes estudiantes que parecían tener una gran amistad con ella, su trato amable y desenfadado me molestó un poco, era la primera vez que sentía celos y sin quererlo me enfurruñé aunque luego más tarde descubrí que todo fue producto de mi imaginación.
»En una ranchera de su propiedad por carreteras sinuosas y paisajes selváticos fuimos recorriendo la estatal E35 hasta desembocar en Ambato la capital de la provincia de Tungurahua. Esta ciudad está situada en el altiplano andino desde donde se podía divisar la magnífica mole del Chimborazo. Esta localidad tiene sabor a capital de provincia española, parecía estar detenida en el tiempo pero singularmente fuimos a hospedarnos a un hotel muy moderno que disponía de una piscina cubierta con aguas medicinales, seguramente extraídas de las proximidades del volcán.
»Después de dejar el equipaje en la habitación quedamos en el salón para cenar y programar un poco la subida al volcán.
Los dos jóvenes conocían la montaña pero estaban decididos a hacer una variante.
»Su trato cordial y educado me sorprendió, estaban muy interesados en las actividades que había hecho en Europa y sobre todo les fascinó la idea de la expedición española que íbamos hacer al Himalaya. Me tranquilizaron con respecto a Ana María que en los últimos meses había realizado ascensiones a cumbres cercanas a Quito como el Nevado Imbabura, Pichincha y el Altar. Según los dos montañeros habían hecho prácticas de cramponear y tenía una aceptable adaptación a la altura, que ellos lo llaman soroche, terminada la sobremesa y después de quedar a una hora muy temprana, sobre las seis, donde singularmente amanecía sistemáticamente, nos fuimos a dormir.
»Estuve leyendo una pequeña guía de montaña como media hora, cuando escuché unos golpecitos en la puerta… Era Ana María con una bata en satén rojo y una sonrisa embriagadora, Nada más abrir la puerta sutilmente y sin mediar palabra me empujó hacia dentro, traté de hablar pero me puso el dedo en la boca y sin más aviso me besó. Bueno, lo que pasó a continuación te lo puedes imaginar, pero lo que sí puedo decirte es que es la mujer más sensual que he conocido y sin duda una amante formidable o quizás a mí me lo pareció. Para relajarnos después de amarnos, nos fuimos a tomar un baño en la piscina climatizada del hotel que en ese momento estaba vacía y en penumbra. Uno de los ventanales estaba orientado hacia la impresionante mole del Chimborazo que todavía tenía iluminado sus cumbres por los últimos rayos del sol y delante de mí, como una diosa, la silueta de su cuerpo iluminado por la fluorescencia del agua dando al momento una sensación mágica que jamás podré olvidar.
»Seguimos hasta Riobamba y desde allí por una carretera comarcal hacia Guaranda penetrando en el parque del Chimborazo dejando a nuestra derecha la Hacienda Salgado, en medio de pastos de herbáceas típico del paisaje altiplano, la carretera empeoraba por momentos, la abandonamos a la derecha por una senda que indicaba la entrada al parque, en que finalizaba en un refugio llamado Carrel, cuando el camino se hizo intransitable cargamos los bártulos e iniciamos por una senda la andadura. Sin duda el nombre del refugio se lo habían puesto en honor a los primeros alpinistas que por primera vez subieron al Chimborazo en 1880 Edward Whymper y los hermanos Louis y Jean Antoine Carrel.
»El camino se hace corto, el paisaje es espectacular, la mole de la montaña se impone con su colosal altitud seis mil trescientos diez metros sobre el nivel del mar, aunque los ecuatorianos tienen a gala que es la montaña más alta del mundo, si la medición se realiza desde el centro de la tierra. La forma achatada por los polos del planeta describe en Ecuador el mayor diámetro de la Tierra. Siguiendo esta forma de medición, la diferencia del Chimborazo con respecto al Everest es de mil ochocientos metros más alta.
»Escuchaba a Ana María explicarme todas estas cosas con singular profusión. Según tomábamos altura se dominaba mejor el paisaje de los altiplanos y a lo lejos se veían rebaños de vicuñas y en las flores de los cactus y en los lirios dorados «Éxtasis Andino», a los infatigables colibrís libando con su pecho azulón irisado. En lo alto, recortándose en el cielo, el poderoso cóndor con su majestuoso vuelo. Excuso decirte el contraste de colores sobre todo el tapiz verde esmeraldino de los prados bajos y en las estribaciones del coloso cubierto con los residuos del volcán en tonos rojos oxidados.
»Llegamos al refugio ante aquel impresionante espectáculo, hacía rato que el frío comenzó a ser molesto por culpa del viento, pero este había permitido que las nubes estuvieran ausentes. Cambie impresiones con los amigos de Ana María que me indican el glaciar, en bastante mal estado. Una senda bien marcada nos dirige hacia el refugio de Whymper a más o menos una hora más arriba. El altímetro que llevaba me indicaba una altura de cuatro mil setecientos ochenta metros, cercana a la del Mont Blanc era aconsejable caminar lentamente para dar tiempo a nuestros corazones a aclimatarse.
»El camino arranca en la parte trasera del refugio. Apenas andas unos metros te encuentras con un pequeño cementerio de personas que habían muerto al tratar de subir el coloso. Me sorprendí al comprobar que había bastantes muertos, es un toque de atención para todos aquellos que nos arriesgamos a subir esta montaña.
»Caminamos por terreno de tierra perfectamente marcado hasta superar el desnivel que te conduce al refugio de Whymper, doscientos o doscientos cincuenta metros más arriba. Tras una hora larga de camino entre rachas molestas de viento, llegamos.
»Cuando entramos en el refugio había un grupo de montañeros chilenos, estos habían llegado dos días ante y por culpa del mal tiempo seguían allí esperando una mejoría. Nos acomodamos en las literas y dejamos nuestros macutos con el material, salvo los cacharros para cocinar. El guarda nos proporcionó bencina y Ana María se brindó a preparar una sopa, mientras nosotros hervíamos agua para hacer un refresco con té y limón. Después de la comida tratamos de sacar fotos de los alrededores y desde la cercanía del refugio me informé por los compañeros de Ana María del itinerario de subida.
»A las cinco de la tarde y comenzamos a cenar, era preciso acostarse lo antes posible pues mis compañeros aconsejaron que a las once de la noche tendríamos que comenzar la subida. Según el guarda y ellos que habían estado en otra ocasión, teníamos que madrugar para evitar la caída de piedras de los seracs, eso no me extrañó, pasa como en los Alpes donde la nieve está en mejores condiciones a esas horas.
»El guarda nos despertó a las diez y media de la noche, la falta de costumbre de dormir tan pronto unido al ulular del viento que arreciaba sobre el refugio no nos dejó pegar ojo.
»Una hora más tarde salimos del refugio, la niebla nos envolvía y las rachas de viento traían pequeños cristales de hielo, el suelo se había cubierto de nieve recién caída y el frío era considerable, «la montaña había comenzado a poner sus primeras dificultades».
»La vía normal está muy definida, sale a la derecha del refugio. Los compañeros de Ana María nos indicaron que debíamos seguir al frente por un camino que se enfila hacia la pared. Avanzamos despacio, pues el viento nos frenaba. Poco a poco nos fuimos aproximando a la pared sin apenas ganar altura. Después de izarnos por un primer resalte encontramos una plataforma donde según me dijeron mis compañeros se suele formar una pequeña laguna en época de lluvias y lugar ideal para vivaquear. Sobre nuestras cabezas se encuentran una mole de roca denominada el Castillo, donde se juntan con la vía normal. Justo encima y a la izquierda comienza el glaciar Stubel, limitado por la Muralla Roja. Mirando a la derecha se encuentra el Glaciar Thielmann. Poco a poco y entre los dos ríos de hielo nos alzamos tratando de llegar al glaciar.
»Tomamos un sendero a la izquierda que nos elevaba durante un pequeño trecho, todavía por tierra y rocas con la pendiente más empinada, me recuerda los hitos a los de la sierra de Gredos que nos indican el camino durante un buen trecho. Paro de cuando en cuando, para dejar que Ana María tome aliento, le daba sorbitos de agua de té con limón. Había trascurrido más de una hora desde que salimos y definitivamente nos tropezamos con el glaciar.
»Era el momento de ponerse los crampones y encordarnos.
El glaciar mostraba sus grietas descarnadas y el hielo cubierto de ceniza por la acción del volcán muy complicado de progresar. La pendiente había aumentado y puse toda mi atención en Ana María para que no cayese en alguna grieta.
»Al ir ascendiendo, la niebla que nos envolvía se quedó bajo nuestros pies, el viento siguió mortificando como una mosca en la nariz.
La ascensión por el glaciar describe una gran zeta, para facilitar la subida y evitar la fatiga de subir directamente. En algunas ocasiones dejas el glaciar para trepar por las rocas adyacentes.
»En este tramo de la subida te acercas peligrosamente a la zona de los seracs, miro con miedo el hielo suspendido y recomiendo a mis compañeros que no griten y pasen deprisa para reducir el riesgo. Reduzco el espacio con Ana María para tratar de ayudarla en lo posible. Cuando terminamos el paso respiré hondo no sin antes echar un vistazo a los salientes más amenazantes. La subida gira hacia la izquierda después de los seracs, la pendiente aumenta y se estrecha el espacio formando una especie de canal, ante las dudas de mis dos amigos que marchan en cabeza les aconsejo que pongan algún pitón de seguro, pero el viento no nos deja escuchar y decido ser yo el que adelantándome clave el tornillo de hielo. Luego de afianzarme les aseguré a los tres.
»Superada la canaleta giramos de nuevo a la derecha, y luego a la izquierda hasta tropezar con una estaca, que indica el buen camino.
»El itinerario se hace más palpable a pesar de que la inclinación aumenta de grados. Arriba por la derecha se dibuja la borde de la montaña que forma el glaciar Reiss, miro el altímetro y marca los seis mil cien metros. Esa es la arista que debemos tomar para poder subir hasta la cumbre. Pero todo esto es a costa de superar la fatiga que paso a paso se hace más difícil, en nuestra subida es preciso desviarse ligeramente a la derecha. Según nos acercamos más a la cumbre, la inclinación aumenta hasta en situarse en algunos tramos a sesenta grados. La pendiente al ser tan acusada determina que aumentemos las medidas de seguridad. Para mayor agilidad hemos hecho dos cordadas Ana María y yo en una y sus dos amigos en otra. Estos conocedores del terreno se mantienen en cabeza y en los pasos delicados clavan algunos tornillos de seguro que luego nosotros como cordada escoba recuperamos. Hay un momento que la inclinación del hielo cede para dejar paso a una pendiente más llevadera, entonces es cuando encontramos la segunda estaca que nos indica que seguimos por buen camino, aprovechamos para hidratarnos y tomar algo de alimento, en mi bolsillo llevo algún fruto seco que le doy a Ana María, ella me da galletitas saladas que sirven para restablecer las sales perdidas con el sudor.
»Tras una pequeña subida alcanzamos el vértice de la cuerda donde el viento al no ser frenado por nada aumenta considerablemente, cerca de los ochenta kilómetros por hora. Como bien sabes al amentar la velocidad del viento, la temperatura desciende, convirtiéndose el frío en nuestro peor enemigo.
»Giramos a la derecha para iniciar lo que sería la última parte de la subida y de sopetón vuelve a aumentar la pendiente, está totalmente helada obligándonos a clavar los crampones con más fuerza y poner algún tornillo para asegurarnos. Esta parte resultó tediosa. Los pasos cada vez eran más costosos pues la altura comenzaba hacer mella.
«Durante la última hora estuve pensando en Ana María, si hubiera notado cualquier síntoma de flaqueza habría vuelto grupas sin pensármelo dos veces. No quería, bajo ningún concepto, que pudiese sufrir ningún percance»
»A sí que miraba su rostro escudriñando algún síntoma. La frenaba haciéndola que mirase el paisaje, para que tomase aire y ventilase bien.
»Después de esta zona expuesta, alcanzamos el collado y desde allí, una interminable pendiente de poca inclinación que nos llevó hasta la punta Veintimilla de seis mil doscientos setenta metros. Las cenizas habían conseguido depositarse sobre las nieve de la cima seguramente lanzadas por el volcán Tungurahua cercano a nosotros, según me explicaron mis compañeros estas cenizas provocaban que la nieve se descongelase de forma distinta dando origen aquellos enormes penitentes que nos dificultaba la travesía hasta la cumbre Whimper a seis mil trescientos diez metros. El esfuerzo fue titánico no sé cómo Ana María pudo superarlo pero lo cierto es que llegamos a la cumbre cuando comenzaba amanecer, habíamos tardado siete horas y todavía quedaba descender tomamos más alimento y nos hidratamos a pesar del intenso frío y el molestísimo viento que no paraba ni un momento.
»Me quedé impresionado de la visión que se mostraba, gracias al viento, la cumbre se mantenía despejada, debajo de nosotros un mar de nubes y destacando a lo lejos por el norte emergían las cumbre del Cotopaxi, Cayambé y Antisana hacia el sureste Tungurahua, Altar y Sangay con su fumarola cíclica característica, alzándose hacia el cielo.
»La ascensión al Chimborazo no representa mayores obstáculos que los anteriormente comentados pero sí requiere de bastante experiencia en técnica y sistema de progresión en hielo. Las laderas de este volcán son muy pendientes y suelen estar heladas por la acción del viento. A esto también se le suma la gran cantidad de caídas de piedras que se producen. Por lo demás, amigo Alberto, la bajada la realizamos en unas cuatro horas sin incidentes reseñables.
»El Chimborazo mide seis mil trescientos diez metros, pero en mi altímetro en la cumbre solo marcaba seis mil doscientos noventa. Es un volcán potencialmente activo aunque su última erupción data del año quinientos cincuenta aproximadamente. Durante una época fue considerado la montaña más alta del planeta, antes de la exploración de los Himalayas.
»Junto al refugio Whymper se encuentra un monolito en homenaje a Alexander von Humboldt, quién intentó hacer cumbre en el año mil ochocientos dos, junto a Bonpland y a Montúfar. No lo consiguieron por culpa del «soroche»


    Fecha y hora actual: Jue 19 Abr - 18:15