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La forja del alma epílogo

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Alberto Sanchez
Iniciado

Masculino Valencia

La forja del alma epílogo

Mensaje por Alberto Sanchez el Miér 3 Ene - 2:05

Capítulo15º

EPÍLOGO

Tras aquel relato de Pedro de la subida al Chimborazo, vinieron las aclaraciones de las relaciones con tu madre diciéndome:
—Como ves mis días con ella han sido maravillosos pero cuando iba a tomar el avión me sorprendió con estas palabras:
— Estos días han sido muy lindos, me perdonarás si te digo que de forma astuta te convidé para conocerte mejor y poderte hacerte un huequecito en mi corazón. Cuando te vi en España me pareciste tanto a Julián que pensé que Diosito me había dado una segunda oportunidad y sí, así ha sido, por eso estoy decidida a no perderte y desearía pasar el resto de mi vida junto a ti. Piénsalo y después de que regreses de la expedición decides si quieres que vivimos juntos, aquí en Quito.
La respondí con cierta ambigüedad. En aquel momento no se me ocurrió nada convincente para decirle y me salí por la tangente:
—No puedo tomar una decisión de ese calibre ahora, es preciso que lo piense, mi vida está en España y podríamos invertir los términos viniendo tú conmigo. Pero ella insistió en su idea:
—«Te puedo conseguir un buen trabajo aquí, ahora que después de mucho tiempo he conseguido aclarar la herencia de mis padres. Cuento con dinero suficiente y algunos negocios, de los que sin ningún género de dudas podrías dirigir.
Finalmente me limité a decir que lo pensaría y después de un beso entrañable se le inundaron los ojos de lágrimas y nos despedimos.
Terminado su relato, Pedro, quiso justificarse conmigo:
—Mira Alberto tú sabes muy bien que los acontecimientos que ahora se está desarrollando en el nuestro país por conseguir una democracia, requiere el esfuerzo de todos. Siempre me he sentido en constante lucha por las clases trabajadoras, soy un hombre del pueblo que aspira vivir en libertad, siento en mi fuero interno que tengo que poner mi pequeña aportación por ese cambio. Además no estoy preparado para ser un mantenido,
—Pero tú la quieres y ya sabes el refrán, «pueden más dos tetas que dos carretas».
—Tú me conoces no tengo padres y siempre he vivido de mi hermana hasta que pude trabajar, ella fue mi único sostén mientras estudiaba matándose a hacer horas para que yo terminase mis estudios, ahora que mi sueldo es la mejor fuente de ingresos no quiero dejarla sola, pero esto no significa que Ana María no pueda vivir aquí, si no para siempre, por lo menos a temporadas.
—Tienes razón, nuestro país vive momentos decisivos y todos tenemos que unirnos para conseguir una patria mejor. Pero seguro que el país puede sobrevivir sin tu esfuerzo.
— No seas sarcástico la vida en tu barrio no ha sido fácil la gente trabajadora de este país ha sufrido mucho para sacar adelante a su prole y sin pretenderlo también hemos conseguido que el país evolucione. Franco esta en las ultimas y las izquierdas se inquietan, barruntan cambios y es necesario el esfuerzo de todos para conseguir una transición que no soliviante a las derechas franquistas e incurramos en el mismo error del treinta y seis. Templanza amigo Alberto la conquista de cualquier cumbre se consigue con esfuerzo, tú lo sabes.

***

Pedro, durante los días que siguieron no pudo acudir al club, los entrenamientos de la expedición y los preparativos le ocupaban todo su tiempo, mientras en la sección de montaña las cosas también estaban revueltas, a finales de año  había una junta general de la directiva del club para tratar los presupuestos anuales.
Como todos los años la partida más importante se la llevaba la sección de esquí y las mejoras de los refugios en Cotos. Los miembros de la directiva eran toda gente de mucho dinero o adictos al régimen. En el momento de la votación siempre se salían con la suya, a pesar de mis peticiones por engrosar la subvención de la sección de montaña. Mis reclamaciones se diluían en las votaciones que previamente habían amañado y mis esfuerzos no servían de mucho.
Aquel año me habían informado algunos socios que el dinero de la partida de esquí se dedicaría a un grupo reducido del equipo alpino y que en su mayoría eran hijos de los de la directiva o afines a ellos. La práctica de proponer partidas de dinero importante del club a esta sección y más concretamente aquellos viajes al extranjero, olía mal, sin duda se estaba haciendo un fraude al resto de los socios, pero en las juntas generales parecía todo normal.
Se trataba de mandarlos a gastos pagados durante un mes a las estaciones de esquí mejores de Francia e Italia, bajo la tutela de un entrenador extranjero, la formula no me parecía mal pero siempre y cuando se aprovechase los conocimientos adquiridos.
¡Al exponer, como protesta, que aquellos cursos no eran nada más que viajes pagado para unos cuantos! Se formó la marimorena.
Lo cierto es que no tenía pruebas, así que tuve que callarme y tratar el tema desde otro ángulo.
—¿No creen Ustedes que tendríamos que analizar los logros deportivo y sopesarlos? Aunque no soy muy amigo de cuantificar el esfuerzo de los deportistas con dinero, pienso que es necesario otorgar más fondos aquella sección que mejores resultados obtenga por temporada y este año sin lugar a duda el logro de Gerardo Blázquez con la medalla de plata al mérito deportivo otorgada por su Excelencia el Jefe del Estado supera con creces a todo lo obtenido por la sección de esquí.
Los directivos se miraron unos a otros en medio de una confusión generalizada, algunos interrogaron al presidente que estaba callado, este finalmente se justificó diciendo que no sabía nada, pero con cierta maldad les dije a todos: La carta llegó a la secretaria del club hace tres semanas e igual que se me notificó a mí, se lo trasmitirían a ustedes.
A partir de aquel día hubo ciertas mejoras en los presupuestos de nuestra sección, pero al finalizar el año tuve que presentar la dimisión ante las trabas que se me presentaron.
La última comunicación con Pedro fue una semana después, recibí una carta de avión dirigida a mí, desde el campamento base del Manaslu y por Londres a España, finalmente hasta mi casa.
Pedro se encontraba bien y en uno de los momentos de mal tiempo aprovechó para escribirme y mandarme dentro de la carta unas flores Edelweiss.
Las tormentas reinantes en aquel año hizo que la expedición regresase sin haber coronado la cumbre pero contentos por la experiencia adquirida.
«Luego tres años después nuestros compañeros Gerardo Blázquez y Gerónimo López la consiguieron  coronar».
Para Pedro no hubo una segunda oportunidad unos días después de regresar a España después de una entrevista en la radio que terminó a las doce de la noche. Él y su compañero de tertulia de forma espontánea decidieron viajar a Gredos, Fernando Olmos, tenía un Renault Dauphine y al parecer los materiales para escalar estaban en el coche, así que se dirigieron por la carretera del pantano de San Juan  hasta Arenas de San Pedro.
¡Tras una curva  maldita el coche derrapó terminando con la vida de Pedro y con heridas graves,  Fernando!
Me encontraba en Valencia en aquellos días me había salido un trabajo un mes antes, de encargado en una fábrica, cuando recibí la noticia por teléfono de mi mujer, se me rompió el corazón. Traté por todos los medios de acudir al entierro, pero no pude, fue mi mujer la que acudió al sepelio en mi lugar. Puse un telegrama a Ana María contándole lo ocurrido, y unos días más tarde estuvo presente en la misa que se celebró por su alma, donde me encontré con ella.
Acompañamos a la hermana de Pedro hasta su casa la mujer estaba muy afectada igual que Ana María, recuerdo, como si fuese este mismo momento, las palabras de aquellas dos mujeres que terminaron de llenar el vaso de mi conciencia al escucharlas.
—Me ha dejado sola, él era toda mi familia ahora comprendo a las madres que mandan a sus hijos a la guerra y los pierden. Cada vez que salía a la montaña me estremecía, era un sin vivir constante ¿Pero cómo quitarle esa ilusión?—dijo Carmen, la hermana de Pedro, entre sollozos.
«Cómo podía consolarla, su pérdida había sido demoledora también para mí, notaba una sensación de vacío y no encontraba justificación alguna para mitigar el dolor que sentía»
Sus palabras me llegaron tan hondo que sentí cierta vergüenza al recordar a mi padre en aquellos primeros días de la montaña, contándome lo de Acuña y el poco caso que le hice, pero lo cierto es que el sufrimiento de este buen hombre no se lo merecía.
Después de dejar a Carmen es su casa nos dirigimos hasta el hotel, donde Ana María se hospedaba y ya en la puerta al despedirme me dijo llorando:
—Siento en mi interior una pena infinita y no hago más que preguntarle a Diosito si ésta es mi condena por pretender amar de esta manera, pues los dos hombres de los que me he enamorado han muerto.
No quise dejarla con aquella pena y sin saber de dónde me salieron estas palabras la contesté:
—Querida amiga yo los conocía igual que tú y te puedo asegurar que les distes tanta felicidad a ambos como jamás habían soñado, fuiste un soplo de viento fresco en sus vidas. Les enseñaste una parte del amor que ellos tenían vetado, has sido un regalo maravilloso para sus almas que se han marchado con el mejor aroma que ha nacido en el altiplano.
Unos días después, sopesando aquellas palabras de Carmen, la hermana de Pedro, me di cuenta del dolor que causamos las personas que elegimos el riesgo por afición.
«Quizás haya un paralelismo con las madres que dejan a sus hijos marchar a la guerra, pero la diferencia estriba en que el soldado da la vida por su patria, y el alpinista la da, para satisfacción de su propio ego».
«Hay un gran componente de egoísmo en los deportes de riesgo, y la muerte en estos casos no tiene nada de glamuroso. No hacía nada más que preguntarme ¿Qué bien común proporciono con mi actitud? ¿Qué justificación tendré con mi mujer y mis hijos el día de mañana si los dejo solos?»
En estos años transcurridos, la montaña me ha enseñado todas sus caras. La conclusión final es que tras muchos años de convivencia en ella las pérdidas de los amigos íntimos ha sido abrumadora: comenzó con la muerte de Julián tu padre y terminó con la de Pedro mi compañero de cordada, pero le siguieron otros como: Jesús Miranda «Pilotín», en el Tozal de Mayo; mis vecinos y amigos Antonio Lagos y Eugenio Úbeda que su primera escalada fue en la Sur del Pájaro conmigo, muertos por un alud en la Aguille Verte; mi compañero de Cumbres Alaiz; Gervasio y Aurelio Gómez que cayeron en las Grandes Jorrases. Lo cierto es que las pérdidas de todos ellos me fueron alejando de la montaña, hasta convertir mi afición en un mero recuerdo del pasado.
Cuando pienso en los buenos momentos vividos en la montaña, aparece un sentimiento agridulce como un zarpazo en lo más profundo de mí ser.
Álvaro se quedó durante unos instantes meditando y repentinamente se le iluminó el rostro, de igual forma que cuando descubres después de muchos años, un gran secreto y sin pensarlo me dijo:  
—Ésta es la primera vez que he percibido quien fue mi padre y el amor que mis progenitores se profesaron y esto ha sido gracias a ti.
»Allá, en mi tierra, mi familia tenía opiniones muy distintas de la honorabilidad de él, claro está, menos mi madre. Sin embargo, algo me decía en mi interior que no podía ser una mala persona, que ellos dos se querían sobre todas las cosas y solo la muerte fue capaz de separarlos.    
»Me has mostrado a un padre que amó con una singularidad e intensidad encomiable, con un sufrimiento íntimo que le desgarró internamente y que solo consiguió sobrellevar por su generosa forma de vivir en pro de la pasión que sentía por mi madre, que luchó contra la adversidad y entregó lo mejor de sí mismo.
»Me ha estremecido tu relato y saber que renunció a todo por recuperarnos, cuando solo le quedaba un atisbo de esperanza, a pesar de sentirse impotente y dejado de la mano de Dios, trató de buscar esperanza en la montaña que desgraciadamente lo mató
»Quiero terminar ésta entrevista dándote las gracias en nombre de mi madre y en el mío propio y que sepas que contarás con mi gratitud eternamente.
Pensé lo que me dijo y tras meditarlo, terminé mi relato con estas palabras:
—En mi narración también he tratado de proporcionarte cierto conocimiento del mundo de la montaña, de su deportividad y del significado de la amistad entre nosotros. Sin omitir el riesgo inconsciente, propio de la  juventud y del dolor y frustración que hay que vivir y asumir en su práctica.
Y como colofón, me encantaría haber sido capaz de trasmitirte los valores y virtudes que tu padre me enseñó, pues es un gran legado para todos.

FIN

A mi compañero de cordada.

Nos dejas enredados en tinieblas,
con el alma ávida de tu presencia,
descubriendo que devorábamos tu esencia,
sin apenas darnos cuenta que te amábamos.
Eras como  el maná de la huida,
te absorbíamos como el alimento,
cada palabra que dejabas en el viento,
era el reflejo de tu personalidad en vida.


Última edición por Alberto Sanchez el Jue 4 Ene - 13:14, editado 1 vez
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Alberto Sanchez
Iniciado

Masculino Valencia

Mensaje por Alberto Sanchez el Miér 3 Ene - 11:42

Espero que esta historia haya sido de vuestro agrado. Alberto Sanchez

    Fecha y hora actual: Mar 17 Jul - 4:44