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SARITA

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ilusionado
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SARITA

Mensaje por ilusionado el Mar 20 Nov - 18:09

Contaba mi abuela, -distinguida y empingorotada señora que se daba sus aires de rancio abolengo y alcurnia afrancesada-, que entre sus amistades tenía a una señora ya mayor, viuda, otrora pudiente y venida a menos tras la muerte de su marido, a la que según le confiò a mi abuela, le ocurrió algo fuera de serie.

Habiendo gastado la mayor parte de los bienes que su difunto marido le dejara, esta gentil dama a quien llamaban Sarita como diminutivo afectuoso de su nombre de pila, hacìa verdaderos malabares para seguir aparentando entre amistades y de frente a la sociedad, que su situación económica no era tan precaria como en realidad lo era.

Seguìa la susodicha procurando a sus amistades de sociedad y desarrugaba sus gastados vestidos olorosos a naftalina, pretendiendo hacerlos pasar como poco usados, poniéndoles algunas gasas o remates de  tul, acompañándolos de grandes sombreros emplumados que habìa logrado conservar salvándolos del montepìo.

Mi abuela, aun y como antes menciono se daba sus ínfulas de alcurnia y fruncía la nariz ante la gente que consideraba y denominaba como “ordinaria”, en el fondo no era mala persona y si Sarita habìa caído en un bache económico, eso no le quitaba el carácter de amiga y ella la seguìa procurando con naturalidad, apoyándola disimuladamente de cuando en cuando con el pago de alguna cuenta de almuerzo, obsequiándole en algún evento algo de ropa y convidándola a tomar el tè y a encaramarse a su auto con chofer para pasear los fines de semana o cualquier dìa para comprar el pan, del que solìa también convidarle algunas piezas a Sarita, ya fueran democráticas y socorridas conchas, como bisquets o algunos croissant, para desayunar con mantequilla y mermelada como era costumbre de la època.

Pero volviendo al tema, dentro de su apremiante situación, esta señora Sarita, dado que para ella se trataba de algo relevante y central, no podía evitar intercalar en las conversaciones alguna queja sobre lo caro que estaba todo y como habìa que estirar el dinero para hacerlo rendir. No faltaba quien le sugiriera rezar al Santo de su devoción para pedirle ayuda, pues al fin damas religiosas todas en mayor o menor medida, oraban con relativa frecuencia y asistìan regularmente a la Misa dominical del mediodìa en el jardín del barrio.

En una ocasión en que precisamente esperaban en el atrio de la parroquia antes de la misa de doce de un soleado domingo, Sarita se quejò nuevamente de la situación y al sugerirle una vez màs y como alternativa de solución rezar, envalentonada dijo que eso no servìa para nada, que ya se habìa cansado de rezar y nadie alla ariba la escuchaba o se negaba definitivamente a interceder por ella o a ayudarla.
Incluso mencionò airada, que le habìa pedido el favor al mismísimo Padre Celestial y no habìa tenido respuesta. Mi abuela y otra señora común amiga que estaba con ella le insistieron a que pidiera con fe y seguro serìan escuchados sus ruegos.

Contaba mi abuela, que Sarita aunque entrò juntamente con ellas a la ceremonia dominical, se salió de la Iglesia antes de concluir el servicio y cuando al terminar el oficio ellas salieron, la encontraron con el rostro desencajado, pàlida como la cera y muy asustada, fue entonces cuando le relatò a mi abuela su experiencia.
Habiendo iniciado a participar en la ceremonia dominical, cuando estaban en una parte que se presta para orar, Sarita se arrodillò y empezó a reclamar en lugar de pedir, molesta enumerò las muchas veces que habìa pedido ayuda y nunca habìa sido escuchada ni le habían mandado ningún favor del cielo. Se encontraba por lo tanto molesta y decepcionada y no entendía porque otras que rezan menos obtienen tanto y les va mejor.

Su molestia y desazón escalaron de modo y forma que no encontró la devoción suficiente ni razòn para seguir participando en la Misa, pues de hacerlo le sabìa a hipocresía.
Saliò entonces al atrio, con esa mezcla de enojo y tristeza y se ubicò cerca de la entrada junto al enrejado que daba acceso a la vìa principal de la parroquia, cuando de pronto notò a  su lado un caballero elegantemente ataviado con traje oscuro, de facciones afiladas, barba y bigote retorcido cuidadosamente recortados, que complementaba con un brillante bastòn y un elegante sombrero negro de copa.

El distinguido caballero hizo una pequeña reverencia a la dama, se tocò ligeramente el ala del sombrero como saludando y extendiendo su mano con el puño cerrado que encerraba algo,  acercò el brazo a la Dama mientras le decía en gutural y envolvente voz: “¿Usted dice que nadie la ayuda?, para eso estoy aquì…tenga Sarita”
Sarita extendió algo sorprendida y titubeante su mano con la palma hacia ariiba para recibir ese algo que le ofrecía el distinguido caballero y èste abriendo el puño le depositò en la mano un altero de brillantes monedas de oro macizo.

Mas tardò Sarita en recibir aquel regalo, que sentir un fuego abrasador le envolvía mano, brazo y cuerpo, soltando enseguida aquellas ardientes monedas de oro que se regaron por el piso deshaciéndose entre burbujeante fuego.

Cuando terminò atropellada su narrativa, jurò no volver a reclamar y a ajustase a lo que el Cielo le dispensaba, pues no querìa nunca jamàs otra visita de aquel caballero que no era otro que el mismísimo demonio.

                                                                                   D.R. Ilusionado (F.G.C.)
                                                                                           Noviembre 2018
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Esperanza Sile
Iniciado

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Re: SARITA

Mensaje por Esperanza Sile el Miér 21 Nov - 12:43

Precioso relato, me encantó lo que acabo de leer, con razón dicen por ahí que el dinero es el excremento del diablo. Gracias por hacer de esta mi lectura, un momento agradable desde el principio. Cuántas saritas existimos por ahí no?
besos y bendiciones para ti.

Esperanza S.

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